No a la escultura de mujer arrodillada representando a Mariana Pineda en la Plaza Santa Adela de Huéscar

miércoles, 9 de junio de 2010

¿Hablamos de artesanías del Atiplano de Granana?

Hasta hace tres o cuatro años, cuando decía "soy artesana" en la comarca, en cualquier foro de desarrollo rural, invariablemente me encontraba con una mirada y un gesto de sorpresa y escepticismo, como si quisieran decir "quita, quita, ¿no pretenderás que volvamos al pasado?". Las artesanías locales se consideraban cosa del pasado, propias de una época oscura, aptas sólo para sociedades muy pobres y atrasadas. La respuesta que recibía, también era siempre la misma: "aquí la artesanía no funciona". Seguramente somos la única comarca del país que pretende desarrollar un turismo rural y niega la artesanía local. Somos diferentes, sin ninguna duda. No se nos caen los anillos por negar un legado cultural centenario y milenario, una innovación artística, una posibilidad de autoempleo, un recurso turístico, un añadido para el prestigio de la comarca. Aquí no nos interesan las artesanías. Claro que, visto lo visto, ciertamente, aquí interesan más las macro incineradoras (y disculpar mi insistencia sobre el tema, pero es que esa incineradora no nata será punto de referencia durante años para entender muchas cosas inentendibles; el proyecto de incineradora, aunque abortado dentro del antiguo plazo de legalidad, apenas contaba con nueve semanas desde su concepción, ya que el tiempo durante el que se pusieron manos a la obra para concebirla no cuenta, ha conseguido destapar la caja de pandora). También interesan más las urbanizaciones en zonas naturales, o entubar un río para que se destruya el ecosistema de la ribera a cambio de enriquecer a especuladores de otra provincia. Actuaciones modernas, sí. Que se note que estamos al día. Que no somos unos "pueblerinos" incultos y atrasados. Aunque de cuando en cuando hacemos alguna excepción en la comarca, por ejemplo, proyectando una pista de paddel, que como tod@s sabemos, es un deporte tradicional de la comarca, cuyos orígenes se remontan a los más ancestrales orígenes del ser humano en la comarca. De hecho, en cualquiera de nuestros yacimientos arqueológicos que se precie, se han hallado vestigios que confirman la práctica del paddel en la comarca desde el neolítico. Así que, bien merecía la pena hacer una excepción con el paddel. Son unos cuantos milenios de tradición, y contra eso no puede luchar la modernidad.

Vayamos por partes. Pongamos un ejemplo para empezar: Dinamarca, uno de los mejores países del mundo para vivir por la alta calidad de vida, crecimiento económico, libertades personales, su democracia, la igualdad social, el pacifismo, la solidaridad, los salarios más altos y mas igualitarios y por ser el país menos corrupto del planeta. En el centro de Copenague, la capital del país, Per Bo, un artesano ceramista, tiene instalado su taller-tienda. Y en Christiania, el Barrio Libre de Copenague, cuyo gobierno se basa en la democria directa, la auto administración y la toma de decisiones por consenso democrático de sus habitantes, conviven talleres y tiendas artesanas, anticuarios, talleres de bicicletas, proyectos ecológicos y cooperativas, entre otras actividades.

Por otro lado, en la edición del 2007 de Estudios de Fundación Caja Rural, refiriéndose al Altiplano de Granada, en el capítulo V Las actividades industriales y de servicios, cuadro v.2, que hace referencia al análisis DAFO, señana como una de las debilidades del territorio Altiplano de Granada "la pérdida de la tradición artesanal" y en el apartado oportunidades incluye "el desarrollo de la artesanía". Igualmente, en el I Plan de Igualdad de Oportunidades de Huéscar, se menciona en el apartado 3 de la página 45 relativa al Área de Empleo y Desarrollo Rural "realización de actividades que potencien y promocionen el sector rural y turístico de la zona: arteanas ...". Así mismo, en la edición de Nueva Estrategia Rural del Altiplano de Granada, pg. 190, apartado oportunidades, punto 6 se menciona la "Revalorización de la artesanía" y en la pg. 199, punto 0 (4)4 "promover la recuperación y el fortalecimiento de la artesanía en el Altiplano" y en los apartados de líneas estratégicas y actuaciones de la pg. 215 se dice "impulsar la actividad artesana (4.1), "Ordenación de la actividad artesana en el Altiplano (1.1), "Apoyo a los negocios artesanasos y a la implantación de centros de producción y comercialización"; "Potenciar el prestigio social de la artesanía y garantizar la calidad de los productos" (4.2): "Desarrollo de actuaciones de información e investigación" (4.2.1) y "Fomento de marcas de calidad" (4.2.2). Y debemos recordar que el PSOE de Huéscar, en su programa electoral del 2007 incluyó entre las promesas para esta legislatura un Centro de Artesanos; centro del que nunca más se supo, salvo que el alcalde, nueve meses después de empezar esta legislatura dijo "es que la artesanía no vende, pero no os preocupeis, que tendreis (por Dahira) un sitio para poner vuestras cosas". Antes de eso, se designó a dos concejalas el Área de Artesanía, eso sí, tal vez por lo que pudiera pasar ... De la misma forma que el GDR impulsó hace años una asociación de artesanos artificial, suponemos que para que pudiera encajar en alguna partida subvencionable o previamente subvencionada. Y como asociación artificial ni tuvo actividad, ni fue eficaz ni perduró. Incluso devolvieron la cuota a l@s asociad@s. Eso sí, dañó considerablemente la credibilidad de posteriores asociaciones artesanales.

Es decir, que en la capital del país con mayor calidad de vida y salarios más altos del planeta tienen cabida los talleres y la actividad comercial de l@s artesan@s, y que en el informe DAFO y el NERA del Altiplano se contempla la pérdida de artesanía local como una debilidad, unos y otros tontean y rondan al sector artesanal, y tanto en éstos como en el I Plan de Igualdad de Oportunidades de Huéscar, expresan las oportunidades y líneas de actuación para mejorar este sector, entonces ¿por qué esos respingos cuando se pronuncia en voz alta "artesanías locales"? ¿por qué esas respuestas de negación?. La respuesta más generalizada es la de "aquí no hay artesan@s", a la que suelo responder a mi vez "tampoco había turismo rural hace diez años, y mira que apoyos institucionales y subvenciones millonarias está recibiendo".

Es cierto que el sector artesanal del Altiplano no está articulado, que bastantes artesanías han desaparecido, que otras están al borde de la extinción, que otras son complementarias a la profesión que sustenta la economía familiar o individual, que otras son temporales, que otras no están regularizadas administrativamente, que otras son emergentes, que otras sustentan el calificativo de artesanías cuando en realidad no lo son. Pero también es cierto que se están recuperando algunas artesanías tradicionales y que se están implantado nuevas artesanías, y unas y otras, unidas a las pocas que han permanecido, forman un conjunto artesanal a tener en cuenta, con representación de distintos gremios artesanales: forja, cerámica, textil, jabones y esencias, vidrio, esparto, espejuelos, mármol, carpetería, alimentación, instrumentos musicales y ebanistería. La mayoría de ellas elaboradas, o con posibilidades de elaboración, con materías primas de la comarca, lo que supone un valor añadido.

Las pocas políticas que se han llevado a cabo respecto a las artesanías en los últimos años en la comarca han sido siempre interesadas desde una u otra administración y sus interlocutores en la comarca. Algunas, incluso nacieron con buena voluntad de ser eficaces, tanto como valor cultural como valor generador de empleo. Pero las secuelas han sido poco positivas: talleres que cierran cuando se acaba el periodo al que obligan las subvenciones recibidas, proteccionismo que deriva en apatía, la no concesión de licencias de apertura de taller, cursos de formación ineficaces (posiblemente por que se trataba de justificar una subvención por una parte, y por la otra, que todo el interés del alumnado por la formación consistía en el sueldo que cobraban por asistir al curso), implantación de tiendas de la tierra (alguna la he encontrado cerrada, y alguna otra en la que conviven los refrescos y las patatas fritas de marcas comerciales a nivel nacional o mundial y las piezas en serie con manufactura de fábrica importadas y entre unas otras, alguna artesanía local entremezclada), las famosas vitrinas de los restaurantes de carretera (¿a alguien se le ocurriría poner a la venta unos zapatos "manolos" o corbatas de modistos de alta costura en vitrinas de restaurantes de carretera? ... pues eso). El verano pasado se ofertó en Huéscar y Castilléjar un curso formativo para esparter@s, creo que organizado y/o gestionado por la Asociación El Espejuelo, para el que se contrataron a profesores de Murcia, aunque debo reconocer que ignoro cual era el objetivo de dicho curso de formación, la programación temática de las clases, la cualificación y titulación homologada que recibieron l@s alumn@s que aprobaran el curso, cual fue el interés que motivó a l@s alumn@s a matricularse en el curso, y si en la actualidad algun@ de ell@s está ejerciendo la profesión, bien como artesano, bien como dinamizador, bien como comerciante, o bien como empresari@ del gremio. También tenemos el taller de vidrio José Saramago, pero éste prefiere difundirse en otros países antes que en la comarca, por lo tanto, no lo podemos considerar nuestro, de nuestro territorio, pese a la centenaria tradición del vidrio en nuestra comarca, no solamente en Castril, que fué el centro, si no en el Pinar del Duque -que cambió su nombre precisamente por este motivo a Pinar de la Vidriera-, La Puebla y Castilléjar. Y el reciente taller ocupacional de recuperación de teja árabe, también impartido en Castril, que como casi todos, se quedó en un taller remunerado para el alumnado sin más objetivos. Tampoco me sorprendería en absoluto encontrar cualquier día de estos un titular de prensa anunciando alguna macro subvención relacionada con un tema artesanal del Altiplano, de parte de nuestros gobernantes, y por supuesto, completamente ajena al sector. Ya se sabe como funcionamos aquí.

Entre tanto, el sector artesanal del Altiplano, pese a los numerosos gremios que lo componen, sigue disperso, menguante, escéptico, protegido en algunos casos y completamente desprotegido en otros, condicionado siempre. Sin una oportunidad de comercialización en el Altiplano. Sin una sola tienda exclusiva de artesanías locales en todo el Altiplano. Pese a la maravillosa forja del taller de Rosendo, en La Puebla, el taller cerámico de Algova, en Cortes de Baza, las depuradísimas técnicas y profusa creatividad de los maestros esparteros de toda la comarca, la excelente calidad de los aceites esenciales de Espirit Nature y sus derivados, los tapices que van a desaparecer antes de que haya una sola persona en toda la comarca que haya recibido formación para dar la oportunidad de continuidad a los mismos, las reproducciones cerámicas de los hallazgos arqueológicos de la comarca, especialmente las argáricas, ibéricas, romanas y árabes, la bisutería de espejuelos, lo que podrían ser magníficas mermeladas si se les diera la oportunidad de comercializarse sin perder su esencia artesana ...

Quizás alguna vez nos liberemos del complejo de "pueblerinos caducos" en relación a las artesanías y empecemos a vincularlas con los valores históricos, culturales y artísticos de las que son merecedoras, y las asociemos al concepto de progreso sostenible, y las relacionemos con el turismo rural, y nos demos cuenta de que los talleres artesanos generan autoempleo siempre que se les de la oportunidad de comercializar los productos. De que un tejido artesanal organizado, estable, de calidad, diverso, revaloriza nuestro territorio cultural, social y económicamente, y forma parte de nuestro desarrollo y nuestro futuro.

Y los visitantes no tengan que escuchar de la persona que atiende a l@s clientes, cuando acuden a una central de reservas que ofrece artesanías a la venta, y se interesan por una pieza "nada, eso lo hace un artesano de aquí ¡que tiene el taller en su propia casa!", demostrando de esa forma la absoluta falta de conocimientos más elementales sobre la artesanía que está vendiendo, amén de un desprecio hacia la artesanía y l@s artesan@s comarcales totalmente inmerecida, ya que uno de los factores que componen la idiosincrasia propia de la artesanía es precisamente que la mayoría de talleres están ubicados junto o en el propio domicilio del artesano o artesana, que esa es una de las garantías de que el producto ofertado es realmente artesanal. Que a veces, y sin darse cuenta, quien pretende dar una imagen de sí mism@a más formad@ y puest@ al día -vamos, al nivel que le presupone a esa persona de gran ciudad, culta y resuelta, a la que se está dirigiendo- se define a sí mism@ como la persona más inculta. Y por derivación, termina definiendo de la misma forma a la población en general. Que las artesanías son algo muy serio y requieren una preparación específica incluso para quien solamente está contratad@ para venderla.

DahirA.



domingo, 6 de junio de 2010

Los cerezos del Altiplano de Granada no están solos

"La recuerdo muy bien y no porque en sus labios se trajera cerezas del Valle del Jerte", dice Pablo Guerrero en una de sus canciones, que escuché por primera vez siendo todavía una niña. Desde entonces, quise conocer el Valle del Jerte y probar sus cerezas. El mayor problema residía en que no sabía donde estaba el Valle del Jerte. Ni siquiera sabía si existía realmente. Podía ser un nombre inventado por el cantautor. Nunca había oído hablar de ese lugar, ni nadie a quien preguntaba lo conocía. Así anduve, de vueltas con la bellísima canción y el nombre del valle misterioso, hasta que años después, casualmente, en una frutería de Vitoria-Gasteiz, mientras esperaba mi turno, ví una cajita de madera con cerezas expuesta al público. Puedo asegurar que se aceleraron las palpitaciones de mi corazón, mientras me acercaba a ella; tal vez ... en uno de los laterales de la caja decía "Valle del Jerte, Cáceres". ¡Existía el lugar!. Y lo tenía ubicado. Transcurrieron todavía algunos años más hasta que, otra vez por pura casualidad, participé en una reunión donde se debatía el lugar apropiado para que un colectivo con el que yo no tenía nada que ver celebrara sus 25 años. Me permití intervenir y propuse el Valle del Jerte. Propuse y vendí, todo hay que reconocerlo. Y no debí hacerlo mal porque se aceptó mi propuesta. Contactaron con Jerte, enviaron a dos personas para comprobar la idoneidad del lugar, les pareció apropiado. Y celebraron los 25 años allí. Naturalmente, yo no formé parte del grupo. Sólo puede ver un vídeo del lugar, que alguien amablemente me prestó. Pero llegó a oídos del propietario del hotel donde se alojaron la anécdota de por qué habían elegido ese lugar. Y el propietario cursó una invitación para mí y mi familia para pasar un fin de semana en el hotel. Fuimos a principios de junio, cuando las cerezas ya estaban maduras en los árboles. El propietario del hotel, un urbanita regenado -había dejado un trabajo de ejecutivo en una multinacional en Madrid y se había arriesgado a construir y gestionar aquel hotel rural, el único en la comarca por aquel entonces-, además de obsequiarnos con una cena cuyo plato principal fue trucha de río, pescada por él mismo, indicarnos donde podíamos ver y comprar artesanías de madera y de mármol, por donde ir a los bosques de castaños, darnos a probar el licor de cerezas y hablarnos de la comarca, contactó con los propietarios de una plantación de cerezos cercana y les pidió permiso para que pudiéramos acceder sin problemas mi familia y yo y coger cerezas de los propios árboles. Naturalmente, efectuamos el "robo" de la fruta: saltamos la tapia de piedras que rodeaba el huerto, elegimos las cerezas que quisimos de los árboles almacenándolas en un improvisado cesto con el borde de las camisetas girado y sujeto hacia arriba, lavamos las cerezas en alguna de las múltiples acequias por las que corría el agua libremente y, sentados al borde del camino, por primera vez saboreé las cerezas que aquella muchacha de la canción no traía en sus labios desde hacía tantos años.

También hace unos años, aunque menos, cuando fuí a encontrarme por primera vez con el Chillida Leku, ese maravilloso museo al aire libre, y cuando en mi mochila portaba tres pequeñas manzanas recogidas en uno de esos frutales del jardín del museo -manzanas que de alguna manera, y salvando todas las insalvables distancias, naturalmente, me unen con otras dos mujeres, Amparitxu Gastón y Pilar Belzunce, que en su juventud les gustaba robar manzanas en ese mismo jardín, como supe después- mientras curioseba por la calle de las tiendas al aire libre en el barrio marinero de Hondarribia, descubrí unas cerezas de intenso y oscuro color amarillo, que antes nunca había visto. Son cerezas de Navarra. Y convivian con las del Jerte en la frutería. Así que compré de ambas y fui comiéndolas mientras paseaba por la playa y luego me senté en un banco del paseo junto a la lonja a contemplar el mar con la ciudad de Hendaya enfrente, y a los buscadores de almejas en la orilla más próxima a mí.

La primera vez que visité la Comarca de Huéscar -recordemos que soy hija adoptiva de la tierra, y no porque nadie me haya adoptado oficialmente, si no porque yo misma he sentido la necesidad de pertenecer a esta tierra- y ví cerezos, concretamente en el paraje del camping "El Cortijillo" en la Sierra de Castril, cercano al nacimiento del río, los consideré un valor añadido a los muchos que ya había ido acumulando de la comarca. Un día de otra primavera posterior, cuando ya vivía aquí, salimos a encontrarnos con nuevos rincones sorprendentes de la comarca -estos rincones parecen inagotables aquí- y entre Galera y Orce, a mano izquierda, divisamos desde la carretera una "cueva-chalet" y decidimos acercarnos a ella a pie. A esa cueva se accede a través de una finca particular, a la que se llega por un camino que en un momento determinado está cerrado por una puerta valla. En aquellos momentos la valla estaba abierta, así que nos tomamos la libertad de continuarlo. La cueva chalet, bautizada así por la amiga que formaba parte de esa "expedición" debido a que tiene tres pisos y un balcón, estaba abandonada y forma parte de toda una "manzana" de cuevas, un cortijo excavado en la roca al pie de un monte salino, con vistas a otro montículo de similares características al otro lado de la carretera y en el que se puede divisar otra cueva mimetizada en la tierra: la cueva mansión, como la bautizó la misma persona, ya que la fachada parece la de una casa señorial de los siglos XVIII ó XIX por el estilo de enrejado de las ventanas. Volviendo al camino de nuestra cueva-chalet, desde la empalizada que delimita la finca y hasta las cuevas, siempre a la izquierda del camino, encontramos otras dos sorpresas: un huerto de cerezos -que en aquel momento, ni estaba en flor ni tenía fruto maduro- y un ribazo siguiendo la línea de una acequia por la que discurre ligera el agua en el que abundan las esparragueras. Y las tentaciones, buscadas o no, no pueden desaprovecharse; y menos cuando se trata de espárragos y de una buscadora nata de espárragos. Algunas esparragueras son enormes, bien alimentadas por el agua de la acequia, y no fue sencillo acceder a algunos de los frutos que nacían entre la maraña de hebras pinchosas de la mata. Pero todo es cuestión de maña, para no dañar la esparraguera, cálculo y presición para localizar el mejor punto desde el que acceder al fruto con los menores riesgos físicos posibles, y asumir las protestas de ésta por la invasión humana imprevista y traicionera, traducidas en avisos de arañazos y en arañazos. Y así regresamos hasta donde habíamos dejado el coche: cruzando el huerto de frondosos cerezos y con el manojo de espárragos apenas sostenido con la mano por el volumen que había alcanzado, como si se tratara de un trofeo. Como comprobamos más tarde, realmente se trataba de un premio escaso: son los mejores espárragos que he comido nunca, con diferencia. Y lo dice alguien que es una vieja buscadora de espárragos silvestres. Tenían un sabor delicado y genuino, con el amargor propio de los espárragos silvestres muy atenuado. Un verdadero manjar. El o los propietarios de la finca debían poner en valor esos espárragos.

Esa franja entre cerros calcinados y espartales que nos lleva a Orce, también alberga una vega exquisita distribuida en parcelas casi en miniatura y otras bondades, en la que además de los cerezos se encuentran choperas, otras pequeñas huertas, el nacimiento de Fuencaliente convertido en piscina de aguas ligeramente frías, absolutamente incoloras, refrescantes, sin ningún aditivo, seductoras tanto para el baño como para la contemplación, un aprisco de ovejas y vacas que es la delicia de niñ@s urbanitas al ver en su propio entorno corderos y cabritos; y al otro lado de la carretera, almendrales -estos almendros enormes que son frecuentes por esta zona-, caminos serpenteantes que nos llevan hasta un nacimiento de agua -otro más- y algún rebaño de ovejas guiadas por el pastor que, amablemente, nos informa de cuanto preguntamos. Y ni siquiera hemos llegado a Orce. Pero este es otro tema.

Estaba con los cerezos. En concreto, con mi segundo encuentro con los cerezos de la comarca. El tercero es otro huerto situado entre Huéscar y Galera, a mano derecha de la carretera. Como ese trayecto lo hago con una cierta frecuencia, observo la evolución de los árboles en cada época del año: cuando empiezan a brotar las primeras flores, cuando los árboles están cuajados de flor, formando un conglomerado compacto blanco y rosado, cuando empiezan a verdear, cuando forman un conjunto unitario verde profundo, cuando entre ese verde intenso está salpidado de pequeñas motas rojas, cuando el verde empieza a decaer, hasta amarillear en tonalidades ocres y cuando los árboles nos muestran su desnudez mientras duermen el largo invierno desafiando los fríos y las nieves. Pero ahora es época de cerezas. Hace unos días, al atardecer, de camino a Galera con la intención de tomar un vino en la terraza del Hotel Galera -esa terraza con vistas a la dulce, serena, verde y blanca Galera, ascendiendo por el cerro hasta coronarse en la ermita donde fue castillo que los últimos conquistadores, en nombre de nuestros queridos reyes católicos, asediaron, conquistaron, quemaron, destruyeron y esparcieron sal por la tierra para que nunca más volviera a crecer la hierba allí- encontramos una novedad en el paisaje tan sabido y del que tanto saber, que nos hizo retroceder: un puesto de venta de cerezas junto a la carretera. Cerezas del Altiplano de Huéscar. Cerezas recién cogidas del árbol. Cerezas sabrosas, jugosas, con ese punto ácido inconfundible de las buenas cerezas -que las hay insípidas, sosas, pastosas, ásperas aunque estén maduras-. Cerezas que no han gastado ninguna energía en transporte, ni saben lo que es una cámara frigorífica. Cerezas curtidas por el duro clima de nuestra tierra, maduradas límpiamente a pequeñas raciones de sol diario, aderezadas con el agua de cualquiera de nuestros riachuelos y de las lluvias que la naturaleza quiera regalarnos. La persona a la que acompañaba las probó y certificó "sí, tienen el sabor de las cerezas de aquí".

Luego tenemos otros huertos de cerezas negras en Castril. Aún no los conozco. Espero poder hacerlo este verano. Tampoco he probado esas cerezas frescas. Se que el año pasado no pudieron vender la cosecha, cuestión de precios, como siempre, los interminables intermediarios y quienes controlan el mercado, deben creer que los frutos nacen sin ninguna ayuda humana y el agricultor es un aprovechado, y se que alguien aprovechó para crear un licor de cerezas que incluye las propias cerezas, verdaderamente exquisito. Nada que ver con el kirsch del Valle del Jerte, incoloro y de alta graduación. Este es un licor de color rojo oscuro y fresco, que adjunta las propias cerezas maceradas.

Cerezas del Valle del Jerte, cerezas de Navarra, cerezas del Altiplano de Huéscar. Estas últimas que no encontramos en nuestros mercados -tiene delito que compremos cerezas en los mercados y supermercados de aquí, transportadas de unos sitios a otros y conservadas artificialmente, cuando aquí tenemos cerezas verdaderamente exquisitas, y que no se han derrochado energías ni en su transporte ni en su conservación-, que no son aprovechadas tampoco en mermeladas, repostería y licorería. Sinceramente, no lo entiendo ... ¿para cuando una verdadera y eficaz coordinación entre entidades que gestionan la financiación y las personas desempleadas de la comarca, más las personas que tienen ideas, más el apoyo, serio, realista y eficaz de los políticos locales?. Tenemos recursos, tenemos desempleo, tenemos financiación ... ¿que nos falta? ¿tal vez voluntad política? ... ¿tal vez dejar de creer que somos los nuevos ricos y que o se hace a lo grande -incineradora, formación de 17 formadores para formar a 15 personas a doscientos cinco mil euros, y mejor no seguimos con los ejemplos, que ya no son horas por hoy- o no se hace, que los pequeños emprendimientos, sin titulares de prensa, son poca cosa?.

No, esos motivos no son válidos. Como no lo son las viejas frases políticas y allegadas de "aquí no hay personas emprendedoras". Señores míos -y digo señores no por una cuestión sexista, si no porque la alcaldía, la manconunidad de municipios, el GDR tanto en presidencia como en gerencia, la Escuela de Empresas, la Asociación de Empresarios, la Asociación de Turismo, ANCOS, están dirigidos por hombres-, teniendo en cuenta la alta tasa de paro de Huéscar, los recursos que se pueden poner en valor, la facilidad con la que se obtienen doscientos mil euros de financiación para formar y la cantidad de técnic@s a sueldo que tenemos relacionados con el desarrollo rural, pongan a trabajar la imaginación, encuentren la fórmula para motivar, den facilidades (no me refiero a que cuando alguien dice "buenos días" le respondan, "hay subvenciones" y cuando alguien les lleva un proyecto les respondan "no hay dinero", o lo que todavía es peor: "invierte veinte mil como yo te diga, y te doy otros veinte mil"), a quien tiene una modesta idea. Y si no encuentran a nadie con esas características, busquen otra fórmula. Es su obligación. Para eso fueron votados. Para eso cobran sus sueldos l@s técnic@as. Para eso son subvencionas las asociaciones. Para mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. Para reducir el desempleo. Para aprovechar los recursos endógenos. Y no me estoy refiriendo a l@s amig@s, soci@s y militantes. Me estoy refiriendo a la ciudadanía. A la comarca. Y de forma sostenible. No queremos más despropósitos. No queremos más si pero no. No queremos titulares que son cortinas de humo.

Queremos que nuestras cerezas, por ejemplo, reciban el trato que se merecen. Y no están solas.

DahirA.

martes, 1 de junio de 2010

Comarca de Huéscar, ¿donde comemos?



Hace dos o tres años llegué de un pequeño viaje justo al mediodía. Venía de pasar unos días en casa de unos amigos auténticamente carnívoros -no contemplan el pescado en su dieta y las verduras, poco-. Un amigo me estaba esperando a la llegada del autobús, y fuimos directamente a comer a un restaurante de la comarca, en Fátima. Lógicamente, puesto que soy poco carnívora, estaba saturada de carne, pero los pescados que ofrecían en la carta olían ya a congelados desde la propia carta -¿alguien se ha fijado alguna vez en el corte que presenta el emperador en el plato, por ejemplo?-, salvo la trucha, que se daba por hecho que era fresca, puesto que tenemos una piscifactoría a pocos kilómetros del restaurante -sinceramente, prefiero la trucha de río, una trucha que sea autóctona, pero no tenía ninguna intención de ponerme tikismikis en aquel momento-. Así que pedí trucha a la espalda de segundo. Aunque hay diferentes recetas de hacer un pescado a la espalda, ésta parecía hecha al horno o a la plancha y por encima habían salpidado perejil y ajos picados crudos. Nada que objetar, el pescado estaba fresco y con retirar el perejil y los ajos, quedaba perfecto, especialmente en un día como aquel, que tenía mono de pescado. Lo que me resultó dañino incluso para la vista fué la guarnición: menestra de verduras congeladas pasadas por aceite como bien quedaba patente en la gran cantidad de éste que fluía entre los guisantes, los champiñones y las zanahorias. Precio del plato: 10,50 €. Traducido a pesetas, unas 1.765. Teniendo en cuenta que el mantel era de papel, no pusieron cubiertos de pescado, el servicio ni fú ni fá, y el bullicio de los comensales alrededor excedía cualquier tono medianamente prudente, lo que obligaba a hablar también en un tono alto, amén de escuchar todas las conversaciones entremezcladas, el precio me pareció excesivo.

En la Comarca de Huéscar tenemos unas materias primas de excelente calidad, tanto en carnes y aveces como en verduras y hortalizas, aceite, legumbres, jamón y embutidos, huevos, frutas; incluso en época todavía invernal, ya que podemos recurrir a las conservas y a las secadas a final de temporada. Tenemos incluso patatas de una calidad alta. Sin embargo, en la gran mayoría de los restaurantes, recurren a unas guarniciones penosas en todos los sentidos: calidad, singularidad, presentación y precios. El ejemplo de antes es una anécdota nada más. Una entre las muchas a las que podría recurrir por experiencia propia, y lo que es mucho más grave: por experiencia de personas de otras regiones a las que he invitado a venir aquí convencida de que les iba a encantar el lugar. Y el lugar les gusta, si. Aunque se van con un "pero ...". Y eso, en una zona que quiere ser turística, es grave.

Sorprende, en cuestiones de restauración comarcal, la poca imaginación para elaborar las cartas. Todas incluyen el chuletón a la pimienta y/ o al roquefort. Y todas incluyen cordero, aunque no siempre tienen existencias y cuando las tienen a veces éste no es precisamente de calidad (si, ya se, en una tierra con un cordero que tiene la IGP, que el ofrecido en restaurantes que se les presupone una cierta calidad, a juzgar por los precios, no sea de primera es sorprendente y un tanto increíble). Y todas incluyen emperador. Y carnes a la brasa. Y algunas hasta incluyen paella y migas, como en cualquier otro restaurante del país -recuerdo haber comido unas migas exquisitas en Sigüenza, y en Madrid ciudad son típicas de tapa y de ración en muchos sitios, igual que en Murcia y en Extremadura-. Y gazpacho, como en otras regiones. Y una larga lista más de platos, cierto. Pero casi ninguno auténticamente propio y elaborado con todos los ingredientes de la tierra. Muy pocos de cuchara que sean verdaderos. Ni siquiera se incluyen en las recetas las alcaparras y las almendras, de las que aquí tenemos en abundancia. No digo ya mermeladas de aceitunas, o patés de aceitunas, o compota de cerezas, o pasas y nueces, o níscalos, orejones, setas de chopo. Los servales, almeces, moras de zarza, trigueros silvestres, ni los mencionamos.

Como sorprende la escasa calidad del servicio, incluso donde ha sido bueno, tanto el servicio como los platos, deja de serlo. El ejemplo más sangrante que he conocido en los últimos años ha sido el restaurante X de Huéscar. Ahí he probado la mejor crema de espárragos, unos aperitivos originales y sabrosos, unos gazpachos delicados como los he probado en pocos sitios, un pavo a la plancha exquisito, un servicio atento en su justa medida, manteles y cubiertos como manda el más mínimo protocolo, hasta que vuelves otra vez y te sientan en la cafetería, con mantel de papel, te atienden a gritos desde la barra, te sirven un gazpacho incomestible, unos segundos rancios, te cobran un combinado como un menú completo-el mismo segundo del menú, en el que también se incluye el postre además del primero- y los escasos clientes de barra, amigos del propietario, terminan llamándote pueblerin@ por quejarte, entre grito y grito e insultos a sus hijos. O El Maño, también en Huéscar, donde suelen dar unas tapas variadas, ricas y hasta abundantes, hasta que vas un día a primera hora del mediodía y preguntas si tienen algún plato caliente, a ser posible propio de la zona, para raciones y/o tapas, ya que las personas que me acompañan salen de viaje en un rato, y te dicen que van a preguntar en la cocina pero no te responden. Y cuando al rato le pides la cuenta de los vinos que hemos consumido entonces te responden "acaba de salir de la cocina una paella de marisco, ¿les pongo unas raciones?". No, no pudo ser despiste por exceso de trabajo, no hubo ningún otro cliente en todo el tiempo que estuvimos allí. O te sirven, en el otro Maño, un segundo de pescado en salsa que huele a "sobre", con su respectiva guarnición de verduras congeladas. O en Castril, que donde en invierno te ponen una tapa con la cerveza o el vino, en verano no te la ponen, aunque hayas ido con un grupo de gente especialmente a ese lugar, porque las tapas son muy ricas y quieres que las prueben.

A ver, que nadie se confunda: hay restaurantes, escasísimos, donde se come bien por unos 50 € persona, y restaurantes donde sirven un menú de nota por unos 10 € o un menú degustación que puede estar entre los 14 y los 20 €, como es el Felipe, en Huéscar, que hace unos pimientos rellenos de perdices en escabeche, una tempura de verduras, un remojo de san antón y unas croquetas -entre otras cosas- y unos postres, que bien merece la pena probarlos, son de buena nota y mejor degustación. Entre el segundo grupo, los restaurantes humildes de buenos profesionales a muy buen precio, hay algunos ejemplos a tener en cuenta si se va a venir por aquí a pasar unos días, o si por cualquier razón, se va a comer fuera de casa. Por ejemplo, en Almaciles, junto a la carretera hacia Murcia, hay un restaurante (no recuerdo el nombre, pero de los dos, el que está más a la izquierda, de frente a la fachada) que los miércoles, al menos en otoño, hace un arroz con costillas de cerdo y setas, que tod@s deberíamos probar alguna vez en nuestra vida. El pollo a la brasa también merece la pena. Y el flan de café. Y ésto último lo dice alguien que no es precisamente golosa. En la Antigua Estación de Castilléjar, preparan un pollo en lata muy, muy interesante. Igual que el que hacen en el Hotel Galera, de Galera, donde además, el servicio es bueno y si tienes suerte te ponen un aperitivo de embotello ecológico realmente bueno; además, tanto el comedor como la terraza de verano, tiene unas vistas sobre el pueblo, ese pueblo colgado en la ladera del monte, que merece la pena disfrutar. O El Albergue de la Villa, en Orce, que ofrecen unos menús -es necesario llamar primero- auténticamente caseros con productos de temporada a precio muy económico, que puedes llevarlos o degustarlos en el comedor, que es parte de un convento y en el que se respira mucha tranquilidad. Del cocinero ya he hablado en alguna otra ocasión, creo: trufa de morcilla, habichuelas con liebre, y un delicioso salmorejo de atún. Para ensaladas, tenemos el Alcadima, en Huéscar, con el añadido de que está ubicado en una cueva con una decoración un tanto singular, de estilo árabe, y donde además se pueden comer unas pizzas interesantes y beber té con nombres muy sugestivos, que suele gustar a l@s visitantes por la singularidad del edificio, especialmente si ést@s vienen con niños, y porque el servicio suele ser agradable, incluso con los niños. El restauarente Fuencaliente, también en Huéscar, junto a la piscina natural, es un molino restaurado que conforma un ambiente agradable, también tiene unas ensaladas singurales muy ricas, los menús son económicos, también por debajo de la media de la zona, y la carta un poco cara, comparativamente con la calidad, salvo las ensaladas. Y no podemos olvidarnos de La Universidad en Huéscar, que no es un restaurante, ni de sus patatas fritas chips, de elaboración propia, que se pueden comparar con las mejores y más tradicionales patatas fritas de Madrid; y ya de paso, tampoco podemos olvidarnos de la terraza interior en verano que es muy agradable.

Así que, sí, en la Comarca de Huéscar se puede comer bien. Pero hay que conocer los sitios precisos. De lo contrario, fácilmente se termina desencantado con la restauración que nos ofrece. En unos y otros sitios. Por falta de iniciativas, por falta de querer mejorar sin necesidad de incrementar inversión, trabajo o precios; por falta de creatividad, por falta de respeto hacia l@s clientes, tanto si somos de la comarca como si son visitantes. Y porque la restauración es una parte fundamental del entramado turístico. Si la calidad de ésta se generaliza, se beneficia el sector y nos beneficiamos todos. Sin complejos. La excelente calidad de las materias primas ya la tenemos, una rica cocina tradicional también. Sólo falta iniciativa para adaptarla y ofrecerla a unos y otras renovada, ecológica, vistosa, rica. Sólo nos falta que el sector de la restauración se sienta parte de un todo, y ponga lo mejor de sí mismo en sus platos para adquirir fama de buenos, de especiales. Sin complejos y sin desprecios hacia la clientela, hacia la propia tierra.

DahirA.

domingo, 30 de mayo de 2010

La producción ecológica en el Altiplano de Granada se mueve, la marca "Made in Altiplano de Granada" se refuerza



Pese a las políticas comarcales nefastas en muchos casos, y contrarias aunque solo sea por falta de confianza y desconocimiento profundo, la agricultura ecológica se mueve en el Altiplano de Granada, y lo que es más importante: se está desarrollando y expandiendo. Y ésto es un motivo para alegrarnos y mostrarnos más confiad@s en el futuro de la comarca.

Concretamente en la Comarca de Huéscar -casi la mitad del Altiplano de Granada- desde hace años ya tenemos la Asociación Biocastril, una asociación activa y emprendedora. Su presidente, de quien ahora no recuerdo su nombre -pido disculpas por ello- me parece una de las personas más sensatas y congruentes de las que conozco en la comarca, a juzgar por sus palabras -pocas, precisas, inteligentes, comprometidas, conocedoras, humildes- en las ocasiones en las que he coincidido con él en algún foro comarcal. El emplazamiento de las fincas es digno de ser visitado por la belleza del paisaje en el que se encuentran y por la idea que podemos darnos, solamente viendo la orografía y el espacio límpio, de que lo que se cultiva allí de forma ecológica tiene que ser inevitablemente bueno para la salud y exquisito para el paladar. Si viéramos esas fincas, solo verlas, no querríamos volver a comer ningún producto que no reuniera características similares ya de entrada.

Pero Biocastril no es solamente su representante y el lugar donde están las fincas. Es lo que hacen a partir de ahí. Una de las iniciativas más interesantes es la introducción de los productos ecológicos en la dieta de los comedores de los colegios comarcales, por la contribución que ello supone a una alimentación sana de las futuras generaciones y por el fomento del consumo de proximidad. Consumo de proximidad que también apoyan a través de la cooperativa Ecoaltiplano, aunque ésta esté localizada exclusivamente en una localidad de la comarca -Castilléjar-, y muy diluida, ya que la oferta total de productos está compuesta por productos ecológicos provenientes de cualquier lugar del planeta, y es necesario que pulan un poco la congruencia -si no lo han hecho ya- entre producto, envase y embalaje -dan bolsas de plástico convencional, es decir contaminante y nocivo para el planeta, para contener un producto ecológico -. Pero bueno, ahí están: comercializando también productos ecológicos comarcales y autonómicos. Para más información sobre esta asociación: www.biocastril.es y www.ecoaltiplano.es

Pero además de la pionera Biocastril ahora ya tenemos también en la Comarca de Baza -la otra poco más de la mitad del Altiplano de Granada- otras iniciativas más recientes en Benamaurel, Cúllar, una tienda de productos ecológicos comarcales en Baza -Intagrec-, vinculada a la iniciativa de Cúllar, y una asociación de agricultores ecológicos en Cortes de Baza "Productos Ecológicos de la Vega de Cortes".

Tampoco podemos olvidar las almazaras donde se produce el aceite ecológico, tanto la de Campo Cámara con la marca Eco-Vallés, como la de Castril, La Castrileña. Ni la destilería de Licores Ecológicos de Castilléjar. Ni otras iniciativas menos consolidadas, como los intentos de Intergranadina con la alcaparra. Ni otras todavía en fase más primaria, como las mermeladas de El mejor rincón del Molino o los licores de cereza negra, rosa mosqueta, almecinos y esparto de Econat. Ni siquiera podemos olvidar las ideas de pan ecológico, embutidos ecológicos, vino ecológico, almendras ecológicas elaboradas, queso de oveja ecológico ...

Entre unos y otras están contribuyendo de forma efectiva a la conservación libre de químicas nocivas de nuestras tierras, al aprovechamiento de nuestros recursos hídricos, al consumo de proximidad, a la generación de empleo en la comarca, a la educación en ecología y a la salud del planeta. Y eso hay que agradecérselo, aquí y en cualquier otro lugar del planeta. Gracias a iniciativas locales como estas el planeta no ha entrado en coma todavía, y la especie humana todavía tiene una oportunidad de sobrevivir con dignidad.

Hace unos días alguien que se había dejado llevar por el territorio y estaba conociéndolo de una forma anárquica, libre de rutas y lugares preestablecidos, me decía que la armonía del paisaje, el eclecticismo perfectamente coordinado entre alamedas, bosques de pináceas, espartales, vegas, huertas, almendrales, olivares, campos de cereal, viñedos, nacimientos de agua, acequías, ríos y la fauna inherente hacen de este territorio un lugar singular y digno de preservarse de contaminación y reestructuración del paisaje en favor de grandes plantaciones e industrias contaminantes y muy favorable para la agricultura ecológica.

Sinceramente, estoy de acuerdo con esa persona. No deberíamos escuchar a nadie, ya sea político, empresario, administración o entidad que pretenda introducir en nuestro territorio aberraciones que lo destruyan alegando progreso y empleo -no olvidemos que cualquier actividad que se emprenda, ya sea productiva, comercial, de prestación de servicios o de investigación, genera empleo-. Y deberíamos apoyar de forma activa a esos agricultures, asociaciones y empresas que trabajan por una agricultura ecológica en nuestra comarca. Y la mejor forma de hacerlo es consumiendo esos productos y demandando puntos de venta estables en toda la comarca. De paso, nos beneficiamos nosotr@s. Y beneficiamos al planeta.

DahirA.

jueves, 27 de mayo de 2010

Jueves: día de mercado, café, cotilleo y queja por desigualdad de género.

En Huéscar el mercadillo semanal de frutas, verduras, encurtidos, flores y plantas, frutos secos, ropa, calzado, telas, se celebra los jueves. A mi me gusta comprar en el mercadillo, especialmente las frutas y verduras y las plantas, aunque no tengo muchas oportunidades de disponibilidad los jueves por la mañana, y por tanto, no soy asidua. Hoy ha sido casi una excepción.

Me gusta comprar en el mercadillo por que puedo encontrar, por ejemplo, naranjas un poco descoloridas y mates, como con una ligera capa de polvo. Y algunas tienen hojas frescas. Eso es señal de que no las han sulfatado con colorantes químicos para resaltar el color, ni las han abrillantado, utilizando otro producto químico para ello, ni han pasado por cámaras frigoríficas, ni vienen de muy lejos, a pesar de que ésta no es tierra de cítricos. Seguramente no son ecológicas -mejor no preguntar, porque en su afán de venta, igual me dicen que si cuando es que no-, pero al menos se han saltado cuatro procesos ilógicos y malsanos. También me gusta comprar las patatas con sus terroncitos de tierra incluidos. Sigo sin entender por qué las lavan y después las secan, solo para que estén brillantes a la vista; cuando no tengo otro remedio que comprarlas, me da cierta grima, es como si fueran patatas de segunda mano. Y me gusta comprar zanahorias de ramillete. Y productos de temporada, aunque reconozco que con algunos estoy perdida, no se cual es su época verdadera, aunque sospecho que casi todos pertenecen por naturaleza entre mediada la primavera y mediados de otoño, salvo los cítricos y los frutos secos, que son de otoño-invierno.

A estas alturas quizás deba confesar mi origen campesino. Sí, soy campesina por parte de padre y de madre. Y de abuelos maternos y paternos. Y bisabuelos. Terratenientes de secano unos, de tierras alquiladas comunales otros. Derivados en campesinos de regadío mis padres, con tierras propias muy menguadas una vez divididas por herencia a partes iguales entre los numerosos hijos e hijas, y sin mayor interés en aumentarlas. Mi familia dice que de todos mis primos y primas, y somos muchos, soy la única que le tiene amor a la tierra, la única que ha heredado los genes campesinos familiares. Cosa que me enorgullece tanto como mi propio origen. También debo confesar que nunca he realizado una labor agrícola propiamente dicha, salvo cavar y cuidar un pequeño huerto de fresas, y hace mucho tiempo ya de eso, o ayudar una vez en la recogida de almendras. Pero una de las cosas que más me gusta hacer es recoger yo misma los productos de la tierra, de la mata o del árbol. Es un placer dificil de describir. El olor de aire tan diferente si es por la mañana o por la tarde, el de la tierra húmeda o reseca,da por el sol, el de las plantas y los frutos calentados al sol o con los restos de la noche sobre ellos; y elegir las piezas que voy a cortar, entre diferentes estados de maduración y tamaño ... otra de mis debilidades es la búsqueda de espárragos silvestres y setas -aunque de éstas solo reconozco los níscalos, y necesito a una persona cerca con conocimientos fiables de micólogia que certifique que no me he equivocado-. Ah, pero con los espárragos sí que soy buena. Soy capaz de encontrarlos incluso yendo detrás de una persona que ya ha hecho una batida en las esparragueras. Eso sí, tanto con los espárragos como con las moras de zarza las manos, los brazos y las piernas terminan con arañazos por aquí y por allí. Pero no importa, son arañazos superficiales y a los dos o tres días han desaparecido. Y un buen revuelto de trigueros, o una buena mermelada de moras bien merece unos livianos arañazos.

Estaba hablando del mercadillo, aunque me haya ido por los cerros de los orígenes, las zarzas y los trigueros, que no se me puede dejar sola, cualquier rama es buena para recorrerla. Bueno, pues hoy ha sido uno de esos escasos días en los que hemos podido coincidir el mercadillo y yo y otr@s amig@s. Y una vez hecho éste y con la cesta llena -una buena cesta de palma, como las de toda la vida, que ya sabemos: bolsas de plástico, no, gracias, y los carritos de la compra, no se por qué, siempre me han parecido un invento poco práctico, aunque todo el mundo diga lo contrario-, nos hemos ido a tomar el café de rigor. Nos hemos sentado en una terraza tranquila, entre sol y sombra y con el café delante ha llegado la hora del cotilleo. Mágico momento del cotilleo semanal cuando podemos. ¿Que de qué hemos cotilleado? ... ¡por todos los dioses y diosas!. Si nuestra magnífica corporación municipal, que está en todo, nos ha regalado un tema de cotilleo de lujo, una vez que se nos ha pasado el susto, viéndonos ya en un futuro no muy lejano completamente decadentes, contaminados y enfermos, viviendo en un territorio apestado y marginal: el territorio donde está ubicada la mayor incineradora del mundo.

Así que hoy ha sido solo cotilleo, que a toro pasado es fácil. Nos hemos preguntado donde estará el sr. Jarmoc, si habrá abandonado ya nuestra comarca o continuará a la espera de que le paguen por sus servicios, cuanto reclamará, de donde saldrá el dinero para pagarle y como se justificará dicho dinero. Le hemos imaginado como un señor que no piensa marcharse hasta que le paguen, si es que le prometieron, no sabemos quien o quienes, algún pago. Le hemos imaginado incluso utilizando el chantaje, que la imaginación se dispara enseguida. Y nos hemos preguntado si esos polacos alojados en el Pedreño, a los que hace tiempo ya les retiraron el crédito y estaban comiendo en la beneficencia seguirán los pobres aquí o habrán decidido irse en busca de mejor fortuna; esos mismos polacos que seguramente iban a dirigir la macro incineradora, que ya sabemos todos que los principios siempre son difíciles, y mientras llegaban o no llegaban los quinientos veinte millones de dólares, pues eso, a comer un plato caliente en la beneficencia, a la espera de tiempos mejores. Realmente, parece una escena de una comedia picaresca de la postguerra, con Fernando Fernán-Gómez y Paco Rabal de protagonistas (vamos a darle una cierta calidad a la imagen, no es necesario ser vulgares o cutres). Y nos hemos preguntado por esa empresa, Vodaconte Sociedad Limitada, de tan reciente creación, y cual era el objetivo y por qué se mezclan los socios entre esta y la Plasma System Group S.L. (si, esa empresa "estadounidense" registrada inicialmente en Murcia y luego trasladada a Huéscar con socios polacos y españoles, con sus tres mil ciento un euros de capital, que sumados a los tres mil de la Vodaconte suman algo más de seis mil). Y nos hemos preguntado por el pobre constructor de La Puebla, del que se rumorea que está endeudado en más de dos millones de euros, a cuenta de los terrenos donde se iba a construir la incineradora, que a tan buen precio compró; ¿a que los dedicará ahora?. A una urbanización de lujo, con su campo de golf incluido, faltaría más, no creemos, están de capa caída en estos momentos, de saldo, abandonadas a medio construir. Igual ha hecho cuentas y con el cultivo de girasol ecológico (como el de la fotografía del blog "noesunaincineradora" -que tan misteriosamente desapareció de la red al mismo tiempo que el PSOE anunciaba en su página que no se iba a construir la incineradora-, ¡pues claro que no es una incineradora! estaba clarísimo que la fotografía es de un girasol) puede amortizar el precio del terreno, más los intereses que le cobre el banco, y obtener beneficios. Y nos hemos preguntado por el pleno extraordinario del martes, que pareció algo así como a escondidas, y si son ciertos los rumores de que el concejal del PA (concejal y Teniente de Alcalde 1º, ¡ojo!, que siempre ha habido clases) se abstuvo de votar en contra de la incineradora, es decir, no se sabe por qué, pero sigue en contra, a él, que debe ser un tipo duro, no lo ha convencido ni los mismísimos Greenpeace. Necesitamos que alguien nos confirme o desmienta el rumor. Más que nada, para que cuando dentro de unos meses nos digan en campaña electoral "el PA defiende el desarrollo rural y sostenible y los intereses del pueblo de Huéscar" recordarle tan deshonrosa abstención y que tanto dice acerca de los intereses del PA en Huéscar. También se rumorea que el sr. Revelles, concejal del PSOE no estuvo en dicho pleno. Y como se rumorea desde hace semanas que la incineradora era un empeño personal -¿personal?- de los sres. García Dominguez y Revelles, pues resulta sospechosa la ausencia del segundo, unida a la abstención del primero. También nos hemos preguntado por qué el PSOE ha llegado al extremo de jugárselo al todo o nada, de y a espaldas de la ciudadanía e implicando al partido en ello, ya que han buscado el respaldo para las charlas que han dado, y la circular casa por casa no la envió el propio ayuntamiento, si no el partido, el PSOE. ¿Por qué lo han hecho?. También hemos hablado del Aldalde, recordando la letra de una canción, creo que de Labordeta, "tan listo que parecía" y le han metido en semejante berenjenal, que ha terminado con un rosario de contradicciones, de afirmaciones y contra afirmaciones dignas de párvulos, y que entre unas y otras, flaco favor le están haciendo a su partido, en estos momentos de verdadera dificultad, y a un año de las elecciones ...¿serían conscientes de ello, o no está entre sus cualidades la de analizar antes de tomar una decisión?. ¿Que discurso pensarán para la campaña electoral, quienes serán los encargad@s de defenderlo?. Está claro que el "hemos cumplido" no va a ser medianamente creíble.

En fin, que entre concejales, alcalde, señores polacos, empresas curiosas, americanos inexistentes, políticos de casi todos los colores unidos, proyectos de juguete, dinero que más que entrar habrá salido -ay, mejor que eso no haya ocurrido-, macro incineradoras que en Huéscar no contaminan, (bueno, si, si, que finalmente han quedado en que si contaminan), timados y timadores, plenos con ausencias, y un Campo de Valentín salvado de momento, se nos ha acabado el café y el tiempo. Y entre despedida y despedida y el consabido "pago yo ... no, no, que me toca pagar a mi ... que no, que no, que me dejes", alguien ha planteado una última pregunta: en todo este asunto de la incineradora, entre unos y otros suman diez nombres propios, y entre ellos solo el de una mujer ... ¡ni siquiera han tenido en cuenta la discriminación positiva ni la paridad!. Y eso que en Huéscar tenemos un Plan de Igualdad estupendo, defendido por el sr. Alcalde con un "buenas tardes a todos" (sí, con o) cuando se está dirigiendo a un foro exclusivamente femenino. La incineradora ha debido ser un tema de negocios a la vieja usanza, entre viriles hombres exclusivamente. Igual DahirA elevamos un protesta formal al Ayuntamiento de Huéscar por ese motivo. El de la desigualdad de género. El de la incineradora ya está resuelto.

DahirA.

miércoles, 26 de mayo de 2010

25 años entre un tequio y el Premio Goldman



Hoy nos ha llegado una noticia, a través de una compañera de una asociación de México, relacionada con el desarrollo sostenible en su país que bien nos puede servir para reflexionar, además de felicitar, aunque sea con bastante retraso, a Jesús León Santos y a tod@s los compañer@s de tarea, por todos los años de incansable trabajo y por el Premio Goldman recibido en el 2009.

¿Que ha hecho Jesús León Santos para ser merecedor de este prestigioso premio?. Básicamente, creer en su tierra, y ponerse a trabajar muy duramente para convertir su creencia en una realidad. Hace 25 años, la Mixteca Alta, la comarca de Jesús León, era un territorio de campos yermos y polvorientos, desprovistos de arboleda, sin agua y sin frutos. Los habitantes tenían que recorrer grandes distancias para conseguir agua y leña. Los jóvenes emigraban. Jesús León, que por aquel entonces contaba con 18 años, se fijó el objetivo de reverdecer los campos. Para ello, recurrió a las técnicas agrícolas precolombinas que le enseñaron unos indígenas guatemaltecos, y para llevar a cabo el proyecto recurrieron al tequio, una antigua herramienta indígena: el trabajo comunitario no remunerado.

Jesús León reunió a unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral Campesino y comenzaron la batalla contra el principal culpable de la situación de su tierra: la erosión. Cavando zanjas para retener el agua de lluvia, plantando pequeños viveros, creando barreras vivas. Posteriormente plantaron alrededor de 4 millones de árboles de especies nativas -y por tanto, adaptadas al medio-, y desarrollaron un sistema de agricultura sostenible ecológica, rescatando semillas nativas para diversos cultivos. Ahora luchan contra los alimentos transgénicos, siembran 200.000 árboles anuales y aprovechan la madera para fabricar utensilios domésticos y otros en talleres artesanos.

Veinticinco años después, su comarca está restaurada: tienen manantiales, árboles y alimentos. Y la gente ya no emigra.

Creer en nuestro territorio vale más que varios planes de desarrollo rural juntos, nacidos en lejanas oficinas de la mano de burócratas, aunque cada uno de estos tenga mil páginas y sugiera doscientas subvenciones. Es imprescindible que creamos en nuestro territorio, por muy mal que esté, y es imprescindible que nuestros políticos, y ahora estoy hablando de la Comarca de Huéscar y del Altiplano de Granada, esos políticos que están ahí porque nosotros, la ciudadanía, les hemos votado, hemos confiado en ellos, los hemos elegido entre varias opciones, crean en el territorio al que representan en nombre de la ciudadanía. Y en lugar de ningunear públicamente nuestros recursos endógenos -los he escuchado en más de una ocasión, aunque voy a evitar ahora, por falta de tiempo citar textualmente ciertos y muy vergonzosos comentarios de políticos en ejercio- y alegar como justificación para implantar en nuestro territorio la mayor incineradora del planeta convirtiendo a éste en un foco de contaminación completamente inaceptable para nosotr@s y para el planeta, que somos "muy dependientes del sector primario" y que tenemos unas "altas tasas de desempleo que históricamente vienen obligando a emigrar a los más jóvenes", aprendan a creer en el territorio al que representan, aprendan a creer en las personas que presentan propuestas sostenibles, aprendan a apoyar esas propuestas sostenibles. Sin avergonzarse de la "dependencia" del sector primario. Que, mis querid@s polític@s locales y comarcales, es un honor basar nuestra economía en el sector primario, teniendo en cuenta además que nadie nos impide crear un sector secundario sostenible, ni un sector terciario igualmente sostenible., ni hacer incursiones en el cuaternario. Teniendo en cuenta siempre que "sostenible" no es una palabra que utilizamos a modo de coletilla. Sostenible es un concepto. El concepto del futuro. Así que, por favor, póngase a trabajar en ello. Y dejen que los demás trabajemos en esa dirección. Y respeten profundamente a quien inicie un tequio.

Para ver la noticia completa de Jesús León Santos, podeis entrar a:

http://misteriospublicos.blogspot.com/2009/11/premio-goldman-jesus-leon-santos-de.html

DahirA.

martes, 25 de mayo de 2010

¿Turismo Sostenible en el Altiplano de Granada?



Otro de los grandes pilares económicos emergentes en la Comarca de Huéscar es el turismo rural. En la Asociación de Turismo del Altiplano tienen registrados a 48 socios en la comarca de Huéscar (otros cuarenta empleos más destruidos si se hubiera seguido adelante con la incineradora, que junto con los seiscientos de los ganaderos, ya sumarian seiscientos cuarenta y ocho nuevos desempleados en la comarca, que restados a los trescientos prometidos en la incineradora, nos da aproximadamente unos trescientos cuarenta desempleados más en la comarca a causa de la incineradora). No tenemos datos del volumen económico que representan. Si hay datos de la financiación pública que se ha recibido y de los premios obtenidos. Tanto una como otro son relevantes, y no dudamos que merecidos.

No obstante, nuestro modelo comarcal de turismo rural no está bien definido. Aunque el presidente de la Junta de Andalucía, en la entrega de los Premios Andalucía de Turismo 2009 dijera que "la comunidad autónoma haga en estos momentos del turismo un sector de vanguardia, que desempeñe un papel relevante en el nuevo modelo de sostenibilidad" (juntadeandalucia.es 09/10/2009). ¿Nuestro turismo comarcal avanza en la línea de sostenibilidad?.

La OMT (Organización Mundial del Turismo), basada en el Informe Brundtlan afirma que "El desarrollo del turismo sostenible responde a las necesidades de los turistas y de las regiones anfitrionas presentes, a la vez que protege y mejora las oportunidades del futuro. Está enfocado hacia la gestión de todos los recursos de manera que satisfaga todas las necesidades económicas, sociales y estéticas y a la vez que respeten la integridad cultural, los procesos ecológicos, la diversidad biológica y los sistemas de soporte de la vida".

Por otro lado, la ONG Ecotourism Society habla de "Ecoturismo" definiéndolo como el turismo que hace especial incidencia en el tema medioambiental sin olvidar el factor socioeconómico; se trata de un turismo en zonas naturales que contribuye a la protección del medio ambiente y deja beneficios para la población local. E.S matiza que ciertos operadores turísticos lo utilizan para definir formas de turismo de naturaleza poco o nada sostenibles. También señala que el turismo a pequeña escala controlado por agentes foráneos siempre es insostenible.

El Gobierno Central define como turismo sostenible aquel del que se obtenga un beneficio económico cuidando el medio sobre todo, donde los recursos naturales y culturales se conservan para su uso continuado en el futuro, al tiempo que reparten beneficios, y donde se procura mantener un elevado nivel de satisfacción de los visitantes y el destino retiene su prestigio y potencial comercial. Otra característica del turismo sostenible es que los beneficios se reparten ampliamente entre toda la sociedad.

El Ministerio de Medio Ambiente, la Fundación Biodiversidad e Iberia, aportan puntos concretos para definir el turismo sostenible y al visitante sostenible, entre ellos hemos extraído algunos: En un espacio natural procure que la única huella que deje atrás sea la de su calzado. Al comprar regalos y recuerdos busque productos que sean expresión de la cultura local, favorecerá la economía de los pueblos que le acogen y la diversidad cultural. Trate de minimizar la generación de residuos, cuando tenga que deshacerse de un residuo hágalo de la manera más limpia que le facilite su lugar de destino. En su destino disfrute conociendo la cultura, costumbres, gastronomía y tradiciones de las poblaciones locales, respételes y acérquese a ellos: tienen mucho para contarle.

La Organización Turismo Sostenible define el turismo de estas características como "aquellas actividades turísticas respetuosas con el medio natural, cultural y social, y con los valores de una comunidad, que permite disfrutar de un positivo intercambio de experiencias entre residentes y visitantes, donde la relación entre el turista y la comunidad es justa y los beneficios de la actividad es repartida de forma equitativa, y donde los visitantes tienen una actitud verdaderamente participativa en su experiencia de viaje" (turismo-sostenible.org).

En la Carta del Turismo Sostenible firmada en Lanzarote en 1995, de la Conferencia Mundial de Turismo Sostenible, se dice: 1. El desarrollo turístico deberá fundamentarse sobre criterios de sostenibilidad, es decir, ha de ser soportable ecológicamente a largo plazo, viable económicamente y equitativo desde una perspectiva ética y social para las comunidades locales. Es un proceso que contempla una gestión global de los recursos con el fin de asegurar su durabilidad, permitiendo conservar nuestro capital natural y cultural. 4. La contribución activa del turismo al desarrollo sostenible presupone necesariamente la solidaridad, el respeto mutuo y la participación de todos los actores implicados en el proceso. 7. para participar en el Desarrollo Sostenible, el turismo debe asentarse sobre la diversidad de oportunidades ofrecidas por la economía local, garantizando su plena integración y contribuyendo positivamente al desarrollo económico local. 8. Toda opción de desarrollo turístico debe repercutir de forma efectiva en la mejora de la calidad de vida de la población e incidir en el enriquecimiento socio cultural de cada destino.

El Plan Turístico del 2004 del Altiplano de Granada está basado en criterios de sostenibilidad económica, social y medio ambiental, precisando aumentar la calidad de su medio urbano y natural y la de sus servicios públicos, así como mejorar la oferta complementaria. En su "Manual de Buenas Prácticas" (granadaaltiplano.org), aconsejan visitar y conocer los lugares directamente para que sea más exacta la información que faciliten a los visitantes, así como utilizar materiales reciclados y mobiliario antiguo, promocionar actividades tradicionales de la zona, hacer uso de los proveedores cercanos, comprar alimentos provenientes de la agricultura ecológica, hacer separación selectiva de residuos, utilizar papel reciclado para documentos publicidad, convertir los residuos orgánicos en compostaje para reutilización en las zonas ajardinadas, tener contenedores de pilas usadas que llevarán posteriormente a las empresas correspondientes ...

La Asociación de Turismo del Altiplano de Granada, que merece todos nuestros respetos, "... su misión es porporcionar un marco económico, legal, de formación y de promoción ... a los empresarios" (granadaaltiplano.org). Es decir, es una asociación de empresarios hosteleros, que vela por los intereses propios, para eso se han asociado, y que es perfectamente entendible y aceptable. Pero, ¿quien vela por los recursos turísticos, por la esencia gracias a la cual existen esos empresarios hosteleros?. No olvidemos que los alojamientos no son siquiera recursos turísticos, son la consecuencia de los recursos y por los cuales las personas pueden interesarse por venir a nuestro territorio. ¿Quien pone en valor y difunde los recursos?, ¿tenemos claro cuales son nuestros recursos, como ponerlos en valor y como explotarlos sosteniblemente? ¿sabemos que busca y quiere encontrar una persona que practica el turismo sostenible?.

Quizás ese sea el mayor problema del turismo de la comarca. Que hemos confundido términos, los hemos mezclado, y además nos hemos olvidado de lo fundamental: qué ofrecer a los visitantes turísticos interesados en el turismo rural y sostenible. Cierto que los alojamientos, al menos los que yo conozco -hoteles, casas rurales, casas-cueva- son impecables y singulares, pero esa es la base de nuestro turismo "alójese aquí, que es y tiene, y además podrá usted ver y hacer". Cierto que hay una clientela para cubrir ese tipo de turismo, como lo estamos comprobando. Pero eso no es turismo sostenible, es turismo de techo, chimenea y barbacoa, y su duración es muy incierta, ya que se nutre básicamente de clientes de zonas cercanas y funcionará hasta que se promocione otra zona que por algún motivo alguien la ponga de moda. También se intenta fomentar el turismo rural organizado que llega en autobuses y se ajusta a una programación muy estricta planificada de antemano por la agencia organizadora, siguiendo otros modelos de turismo, pero que hasta ahora no está funcionando. Curiosamente, los alojamientos rurales son todos pequeños, incapaces de asumir a 50 ó 60 personas al mismo tiempo en un mismo establecimiento. Estamos malgastando tiempo y dinero en promocionar algo que no podemos ofrecer.

Lo que es fundamental es promocionar el recurso turístico, sea cual sea éste, y consolidarlo, despertar la curiosidad por descubrirlo, conocerlo, disfrutarlo. Hacerlo singular, único, deseable. Y crear alrededor de ese recurso una serie de actuaciones complementarias, siempre dentro de la sostenibilidad, de forma que se cubra uno de los principios básicos del turismo sostenible: beneficiar a toda la población sin poner en riesgo el medio ambiente y los valores culturales.

Será mucho más perdurable y mucho más rentable económicamente, promocionar una ruta, por ejemplo, basada en la novela de José Saramago "La balsa de piedra", o los yacimientos prehistóricos -incluidas las pinturas rupestres de "la piedra del letrero"- que abundan en nuestro territorio y que pertenecen a muy diversas épocas, y los museos, o los parques naturales de Baza y Castril y la Sagra, o las badlands, que un bonito alojamiento. Esas rutas suponen un entramado de empleos sostenibles bastante amplio, ya que se ofrece al visitante las visitas de naturaleza y de patrimonio, la gastronomía ecológica y tradicional, las artesanías, las ferias temáticas, los productos alimenticios locales. Si alrededor de la oveja segureña se pueden iniciar quince o veinte actividades complementarias, alrededor de cada una de estas propuestas pueden surgir otras tantas.

Claro que, para ofrecer un recurso, primero tenemos que conocerlo y ponerlo en valor. Ya he contado que hace un año se pretendió ofrecer Parpacén como recurso turístico incluyéndolo en una guía cuando este paraje se hallaba sin señalizar y con abundantes basuras en el entorno. La propuesta era, lo ponemos en la guía, acompañado de una bonita fotografía y luego lo visitamos a ver que tal es. ¿No tendría que ser al revés?: primero comprobar su estado y accesibilidad y después, si ambos son adecuados, lo incluímos en la guía. Por que una vez que ya está incluido en la guía, por mucho que se visite y se descubra que es complicado llegar o que está en mal estado, cualquier visitante turístico que lo haya visto anunciado en la guía ha podido ir, si ha conseguido encontrarlo, claro.

Así actuamos en general cuando se trata de turismo. Parcheamos aquí y allí. Maquillamos. Nos inventamos. Abrimos y cerramos en cualquier fecha y a cualquier hora. Damos información en las oficinas correspondientes tan deplorable como "yo que se, yo no he estado nunca ahí" o "ah, yo no lo se, a mi no me gusta caminar" o responden cuando preguntamos que se puede hacer este fin de semana con una retahila de actividades que se podrán hacer ¡seis meses despues!, señora mía, que el cliente está aquí ahora, quiere saber que puede hacer ahora, no lo que ustedes ofrecerán dentro de seis meses. Damos tumbos de un lado a otro, sin fijarnos un objetivo concreto más allá de los alojamientos. A nadie implicado en el desarrollo rural -GDR, políticos- se le ha ocurrido cohesionar los distintos sectores implicados y elaborar un plan conjunto para que todo avance al mismo tiempo -restauración, comercio, artesanía, guías turísticos, oferta cultural, oferta de ocio, alojamientos-, estableciendo distintos apartados cada uno de ellos complementario de los demás (badlands: rutas diurnas y nocturnas, museo, demostraciones, artesanías en tiendas, licor, talleres, campos de trabajo; la balsa de piedra, rutas, castillo, Orce, artesanías, cine, talleres, Castril, librería ... y así con cada tema). Que alguien siente alrededor de una mesa a todos los posibles sectores implicados, más las personas que estén desempleadas y que tengan alguna relación por formación o experiencia, -restauradores, artesanías, agricultura ecológica, ganaderia, arqueología, guías turísticos, guías de naturaleza, monitores de tiempo libre, agentes culturales, comerciantes- y que se proponga un plan, en función de lo que cada cual puede aportar, e ir desarrolando ese plan, con firmes compromisos y firmes apoyos. Y salir a promocionar los recursos, los auténticos recursos, con los deberes muy bien hechos, es decir, sin maquillar, exagerar y/o mentir, sin soltar el discurso aprendido, defendiendo el recurso con veracidad y convencimiento. Y crear eventos aquí de calidad y singularidad excepcionales.

Sí, ya se: eso es complicado de llevar a cabo, requiere un trabajo considerable de búsqueda, proyecto, coordinación, sensibilización, apoyo. Pero para eso tenemos aquí oficinas de desarrollo, con sus correspondientes técnic@s. Habría, es cierto, que cambiar el concepto que se tiene de desarrollo, basado en la creación de empresas y subvenciones más erráticas jornadas, planes, seminarios, más que otra cosa, de tipo burocrático y de expediente.

Es hora de que nos preocupemos de los recursos turísticos y de su puesta a punto y desarrollo. La Asociación de Turismo del Altiplano cumple su función, que es la de asesorar, formar y promocionar a sus socios empresarios. Pero es necesario que algún organismo o entidad se preocupe por los recursos, base fundamental, ya lo hemos dicho antes, para que se desarrolle un turismo verdaderamente sostenible, tanto social, como cultural como económicamente. Si esto funciona, los alojamientos también funcionarán.

Eso es turismo sostenible, en el que estaría implicada practicamente toda la población, interconectados unos sectores con otros, apoyándose unos en otros. ¿Quien se atreve a dar el primer paso en esta dirección? Es urgente.

DahirA.